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"He propuesto una visión del mundo desde aquí, desde nuestro lugar. Ello nos ayudará a ver el mundo desde nuestro propio ángulo y a comprender nuestro papel. El de América latina es otro planisferio, que arroja a las grandes potencias a los arrabales del planeta. Es preciso incorporar a los hábitos del pensamiento argentino la capacidad de ver el mundo desde nosotros, por nosotros y para nosotros".
Arturo
Jauretche

La expansión de la soja en América del Sur

“Estados Unidos por la soja
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Alrededor de los agro-negocios se desarrolla uno de los principales núcleos de poder de las corporaciones que dominan el Cono Sur. Dividen a la Región en 3 modelos de monocultivos: 1) la producción de oleaginosas; 2) árboles para celulosa; y 3) caña para azúcar y etanol. Estas corporaciones comparten el territorio con las transnacionales mineras y petroleras. Actualmente, en la nueva era de la “Bioenergía”, estos diferentes sectores económicos se están fusionando para generar mega-oligopolios (que se organizan en Redes Financieras de Conocimiento). Así, “desde el agro se está desarrollando una estrategia Regional y un proyecto de integración corporativa.

La dominación territorial se expresa a través de la expansión de los monocultivos y la culminación de las vías logísticas de escurrimiento hacia los puertos con destino al exterior, específicamente al proyecto Hidrovía – IIRSA (Integración de Infraestructura Regional Sudamericana)”.

La soja es un monocultivo que, en la actualidad, se extiende por todo el Cono Sur desplazando a la población rural, devastando las áreas de bosques y pastizales y debilitando las bases de la producción alimentaría de cada país.

Los países sojeros se convierten en meras “republiquetas sojeras forrajeras”, donde la población se aglutina en las ciudades con planes asistenciales, dependientes de las regalías de la exportación de la soja.

El círculo del modelo agroexportador condena a todo el Cono Sur a ser un territorio en poder de los agro-negocios y vaciado de biodiversidad y vida, que podría llamarse Monsantolandia, Cargillandia, Bungelandia.

En Sudamérica, este cultivo empezó como leguminosa con el fin de enriquecer la tierra con nitrógeno para implementar el ciclo de rotación de cultivos. Sin embargo, se convirtió paulatinamente en la gran estrella de la monocultura del modelo agroexportador. La soja se extiende desde los ‘60 en Brasil, Argentina y Paraguay.

En Argentina se expande masivamente en los años 80, acabando con el sistema de rotación entre ganadería y agricultura e instalando el predominio de la agricultura. Desde los años 90 la rotación fue limitándose, incluso en muchos lugares fue abandonada y sólo se planta soja en verano,  y se aplican barbechos químicos en invierno.

A mediados de los 90, el modelo de la soja trasciende a una nueva fase con la incorporación de la biotecnología y el gran evento: la soja resistente al Glifosato (herbicida Roundup también de Monsanto), creada por la Monsanto. La innovación consistió en incorporar un gen denominado RR (Roundup Ready). El mismo permitió la resistencia del cultivo, a las aplicaciones del mencionado herbicida. De esta forma se logra una fumigación altamente efectiva sin daño
colateral para el cultivo en cuestión, así el uso del glifosato combate las malezas pero no ataca la soja transgénica. La utilización de este producto además facilita la Siembra Directa, dado que el uso del glifosato permite secar por un cierto lapso todas las plantas preexistentes permitiendo el implante de nuevas semillas con una escasa competencia inicial. De esta forma se incorpora un paquete tecnológico integral que combina la siembra directa permitiendo la implantación de la semilla sin la necesidad de roturar la tierra.

En la actualidad, Brasil es el mayor productor de soja en América del Sur, con una extensión de cultivos de 20,58 millones de hectáreas.

En Argentina, en el último ciclo 2006/2007, se obtuvo un volumen récord de cosecha de 47,5 millones de toneladas, alcanzando 16 millones de hectáreas cultivadas, lo que representa más del 50 % de la superficie agrícola. En este último año, la soja se expandió casi 800 mil hectáreas y en los últimos 4 años se han deforestado 1 millón de hectáreas de bosques.

En Paraguay, se registró una cosecha de soja con una producción récord de 6,5 millones de toneladas en el ciclo 2006/2007. Asimismo también se registró una expansión significativa; la superficie cultivada alcanzó 2.429.800 hectáreas, habiendo sido de 2.200.000 en la zafra anterior y se proyecta alcanzar las 2.800.000 hectáreas  en la cosecha 2007/2008.

En Uruguay, la producción superó las 778 mil toneladas y el área sembrada alcanzó las 366 mil hectáreas en el año 2006.

En Bolivia, en el mismo período, la soja supero el millón de  hectáreas.

A principios de este año, Monsanto anunció que se iniciará la siembra de 5.000 hectáreas de soja transgénica en Chile. Está previsto alcanzar las 20.000 hectáreas en 2010 y según lo publicado, estos cultivos serán principalmente para producir semillas.

En consecuencia, el Bloque del MERCOSUR, más Bolivia ocupa el primer lugar en la exportación de soja a nivel mundial, produciendo aproximadamente 115 millones de toneladas.
Así, el MERCOSUR ampliado es la zona de mayor producción de soja a nivel mundial, tanto transgénica como no transgénica. En 2006/2007, se plantaron 40,3 millones de hectáreas que representan el 43,6% del área sembrada a nivel mundial. Mientras que la producción ascendió a 115 millones de toneladas, representando más del 48% de la producción mundial.

Los grandes productores mundiales son, en orden de importancia, EE.UU., Brasil, Argentina, China, India y Paraguay. Mientras las estimaciones sugieren que la superficie crecerá aún más, debido al emergente mercado de agro-combustibles.
Frente a esta situación sería bueno preguntarnos si ¿es el pueblo de estos países el que se favorece con el avance y los beneficios que proporciona este cultivo? ¿Son las transnacionales actores importantes?

Para estas corporaciones la soja no conoce fronteras y si tuviéramos que dibujar un mapa de la soja, descubriríamos que podríamos rebautizar al MERCOSUR ampliado como los “Estados Unidos de la Soja”, incluyendo a Bolivia, Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. 

El Modelo de la soja

Con el modelo de la soja se formaron nuevos grupos económicos. La agricultura deviene un ámbito en el que actúan grupos como Los Grobo, de la familia Grobocopatel en Argentina; Maggi en Brasil; y el Grupo Favero S. A. en Paraguay.

Estas son las caras más visibles, los llamados “reyes de la soja”, de grandes grupos inversores que alquilan tierras en múltiples lugares, y ni siquiera recurren a comprar los terrenos, porque sus proyecciones son “máximo rendimiento a corto plazo”.
Detrás de la soja, uno encuentra grupos anónimos de inversiones donde especulan fondos de pensión, en los que participan grupos de inversores que combinan los sectores de comunicación, ganadería y otros. Así se conforman los “pooles de siembra”, donde se integran contratistas rurales, empresas de agroquímicos, inversores (grupos nacionales y grupos extranjeros) que llevan a cabo la producción agrícola.

Un claro ejemplo es BSG, que concentra sus inversiones en el agro, que tiene campos de miles de hectáreas en los que produce ganado y soja, además controla cadenas de cable en Venezuela, Argentina, Brasil y México.

Los silos de las corporaciones actúan como frente de avanzada, diseñan estrategias de expansión, instalando su infraestructura antes que nada, para expandir sus redes. Se apoyan en general en empresarios brasileños y argentinos, muchos rosarinos y cordobeses, para entrar en el Paraguay y Bolivia. Estos grupos entraron en el Noroeste Argentino y luego continuaron en Santa Cruz (Bolivia).

La soja es exportada finalmente por unos pocos actores económicos. El mercado internacional está regido por un puñado de corporaciones de las grandes cerealeras. Cargill, ADM y Bunge, que se han repartido el territorio del Cono Sur. Los protagonistas de este sector actúan como “gigantes invisibles”, controlando el mercado alimentario (granos, pellets, harina, aceites, pollos y porcinos).

Con el surgimiento del mercado de agro-combustibles, el futuro de la producción agrícola se torna aún más lúgubre. Múltiples organizaciones sociales han expresado su preocupación por los impactos que puede generar este nuevo modelo de producción de energía.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) junto con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) manifestaron, en el informe “Perspectivas Agrícolas 2007 a 2016“,  preocupación por la demanda creciente de los agro-combustibles y el consiguiente aumento del precio de los alimentos. En dicho informe, destacaron que se prevé el uso de cantidades considerables y crecientes de maíz en Estados Unidos; de trigo en la Unión Europea;  y de azúcar en Brasil, para la producción de etanol y agro-diesel.

En el Cono Sur, el sector sojero se promociona como el gran abastecedor de biodiesel. Se espera que el precio de la soja aumente, no sólo por el incremento de la demanda para biodiesel, sino también porque otros aceites vegetales son utilizados para biodiesel; y porque los productores de Estados Unidos de Norteamérica están pasando cada vez más de la soja al maíz para etanol, empujando así el precio del mercado de la soja. Así se cierra el círculo de esta cadena de los agro-negocios, de la agricultura de la muerte: el aceite vegetal para los tanques de los coches vs. la proteína para los pobres expulsados de la tierra. 
 
 
Sus principales actores

Analizaremos quién se beneficia con el cultivo de los transgénicos. Partiendo de lo más micro hasta llegar a lo más grande, empecemos por los genes. Monsanto es el titular de la patente de la soja RR. A nivel mundial, del área cultivada con transgénicos, Monsanto controla el 91% de la soja. La empresa sólo es dueña de la patente, por tanto no es la que vende semillas, lo que hace es patentar los genes para que otras empresas los utilicen.

Este esquema ha sido analizado por Sztulwark en el marco de la teoría Evolucionista o Neo Schumpeteriana. Según el mismo autor, el nuevo paradigma tecnológico emergente ha modificado las fuentes de generación de riqueza, afectando el patrón de especialización productivo y definiendo nuevas formas de división internacional del trabajo. Así define que una economía como la nuestra, es subdesarrollada en el sentido schumpeteriano, dado que si bien es eficiente, lo es en actividades no dinámicas del paradigma emergente (Central). Por lo tanto, se dan por tierra las voces que plantean que nos encontramos en el borde del conocimiento y de la eficiencia productiva, en el sector agropecuario. En este sentido, el autor plantea que somos simplemente “usuarios” de esa tecnología desarrollada en el “centro” y por lo tanto no dejamos de comportarnos como un país periférico, inclusive en el sector en el que nos revelamos más competitivos.

Ya que la industria semillera argentina se ha convertido en “usuaria” de la fase denominada como conocimiento intensivo, especializándose en la fase “material” del proceso como parte de una nueva división internacional del trabajo.

Existe una fuerte disputa en todo el Cono Sur sobre el tema de la propiedad intelectual. En este sentido, Monsanto quiere cobrar regalías a nuestro entender ilegales, ya que la legislación de esta parte del mundo no reconoce el tipo de impuestos tecnológicos que esta corporación quiere cobrar. En el caso de hacerse efectiva dicha demanda, en Argentina deberían pagarse alrededor de 1000 millones de dólares, por el hecho de haber utilizado el gen RR desarrollado por la empresa.
Luego de los genes tendríamos a las empresas de semillas. En el caso de Argentina, vemos que existen tres empresas que controlan gran parte del mercado de semillas: Nidera (Holanda) y dos empresas argentinas.

Luego tenemos el negocio de los agrotóxicos. La empresa que más ganancias obtenía con la venta de agrotóxicos era Syngenta, pero, cuando aparece la roya de la soja, las ganancias de Bayer se acrecientan convirtiéndose en la primera transnacional de agrotóxicos a nivel mundial, en término de ventas, porque Bayer es la empresa que produce el fungicida que combate la roya.

Después tenemos las empresas involucradas en el procesamiento y la venta del grano de soja. Hay cuatro empresas que dominan este mercado en el Cono Sur: ADM, Cargill, Bunge y Louis Dreyfus. Juntas controlan el 78% de las exportaciones de trigo, el 79% de maíz, el 71% de harina de soja, el 95% de aceite de soja, y el 97% del aceite de  girasol en Argentina. En lo referente  al almacenamiento de los granos, también está muy concentrado el mercado, cuyos principales actores son estas mismas empresas. Su incidencia no se limita solo a la Argentina.

En el año 2003, ADM empezó a construir cinco silos de almacenamiento en Brasil, en las zonas de mayor expansión de la soja, como Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, los cuales se incorporan a la red de 80 silos que ADM tiene en Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina.

En cuanto al transporte, Cargill cuenta con cerca de 130 almacenes en Brasil, está negociando la compra de 80 vagones para transporte ferroviario, y quiere recuperar otros 150 vagones.
Esto nos recuerda que una de las características fundamentales de los agro-negocios es su funcionamiento a nivel global, participando en las diferentes etapas de la cadena de los granos.
Luego tenemos la etapa de procesamiento de los granos en aceites, harinas y otros productos que también está a cargo de estas empresas. Cargill tiene cinco unidades de procesamiento funcionando en Brasil y planea una nueva unidad en Río Verde, asimismo, tiene plantas similares en otros países.

El transporte fluvial, mediante el cual se exporta la soja a Europa y Asia está a cargo de las mismas empresas. Este tipo de transporte se incrementó un 270% entre 1990 y 2007. Para facilitar la exportación fluvial se promovieron y construyeron hidrovías y otros puertos fluviales.

Esto es parte del proyecto IIRSA, que es una iniciativa de los países de América del Sur financiada por el BID y por algunos bancos de América del Sur, básicamente con la intención de integrar a los países, facilitando la explotación de recursos, aunque la República Argentina, según el ex vicecanciller García Moritán, propicia los corredores verticales, integrando su mercado doméstico.

En Brasil se planificó la construcción de 1000 Km. de hidrovías, y esto podría afectar a 5 millones de hectáreas de bosques tropicales, territorios indígenas y tierras campesinas. Cargill dice en su sitio Web “vamos a tener las hidrovías y los muelles siempre ocupados con barcos, y daremos unos 3000 empleos”. Lo que no cuentan es que van a afectar a 5 millones de hectáreas.

Otro paso en la cadena es el consumo. El principal uso de la soja es la industria de animales. Muchas veces nos dicen que los transgénicos son justificables porque van a alimentar al mundo hambriento, pero realmente a quien alimenta es a animales: el 50% de la producción de la soja va a la industria de los pollos; el 25% a los cerdos; el 15% a la carne de Bovina; el 6% a la producción de leche; el 3% a las mascotas; y el 1% a otros usos. Es interesante ver cómo la soja ha cambiado la dieta alimenticia de muchos países del mundo, porque ha sustituido, por ejemplo, a la carne bovina o la carne de pescado, por el uso intensivo de la carne de pollo (alimentado con soja).

Por su parte, el negocio de los pollos termina en un pequeño grupo de empresas, encabezado por Tyson Food (es la mayor empresa de pollos del mundo y suministra aves a empresas como la KFC – Kentucky Fried Chicken).

La industria de alimentos es la que utiliza la carne y los pollos “fabricados” por empresas como la Tyson Food. Estas empresas tienen ganancias muy superiores a las de las empresas semilleras, procesadoras de granos, o procesadoras de carne. Por ejemplo, sabemos que Nestlé tiene un ingreso anual de 54 mil millones de dólares, siendo una de las empresas alimenticias más grandes del mundo.

Siguiendo la cadena de los agro-negocios, debemos hablar de las grandes cadenas de supermercados que venden y distribuyen los productos fabricados por corporaciones como Nestlé, Unilever, Knorr, Coca Cola, y otras. Los avances de estos gigantes de los alimentos, son aún superiores a los de Nestlé. Por ejemplo, observamos que en el año 2004 Wall-Mart tuvo ventas de 287 mil millones de dólares, mientras que en el 2005 fue la empresa que obtuvo mayores ganancias en el mundo.

Entonces, a pesar de los negocios millonarios de los grandes pooles de siembra, lo que queda como ganancia del grano de soja es mínimo, en comparación con el incremento que registra esta ganancia, a medida que ascendemos en la cadena productiva.

Las elites locales que están concentradas en asociaciones de agro-negocios, especialmente en Argentina y Brasil, están intentando integrar a todo el sistema productivo tal como lo hacen las trasnacionales, un ejemplo de estos casos de los grupos Grobo y Maggi. 

Los distintos contextos del cultivo de soja

Bolivia

Como ya hemos podido observar, los Estados Partes del MERCOSUR mantienen la hegemonía en la producción, habiéndose incorporado a este Bloque, aunque en menor escala; como asociado Bolivia.

Esta situación ha impulsado a que grandes consorcios empresariales hayan puesto énfasis en realizar inversiones en este rubro. Sin embargo, la producción de soja requiere de una infraestructura que es insuficiente en los países productores, donde son importantes las vías de transporte, silos de almacenamiento y puertos de embarque necesarios para sacar la producción de las áreas del interior del continente, como es el caso de las Tierras bajas del Este en Bolivia, la Amazonía y el Cerrado del Brasil, y el norte del Paraguay.

En este proceso de expansión, tienen mucha importancia también las empresas de semillas y de agroquímicos. Es así que por ejemplo en la Argentina, las empresas MONSANTO, Pioneer, Singenta, Nidera y AgrEvo introdujeron la variedad transgénica. Este modelo se dio formalmente en el Uruguay, en el Paraguay de manera informal, mediante el contrabando de semillas transgénicas y en el Brasil, luego de varios años de moratoria y contrabando, se autorizó la introducción de soja transgénica. En Bolivia, después de una fuerte campaña de presión, los cultivos transgénicos recibieron un  permiso temporal para su siembra y comercialización.

La expansión de la soja en el Conosur tiene como dinamizadores a grupos de inversores empresariales locales. En el caso de Bolivia, el crecimiento está impulsado por grupos constituidos fundamentalmente por empresarios brasileños, como los grupos Unisoya y Grupo Mónica.

El Bloque del MERCOSUR en la campaña del 2005 ha llegado a exportar cerca de 78.5 millones toneladas.

En el caso de Bolivia, se ha llegado a las 1.2 millones de toneladas, cifra que refleja su escasa participación en las exportaciones Regionales.

El mercado natural de la soja en Bolivia es la Comunidad Andina de Naciones (CAN), adonde se dirige el 93% de las exportaciones; el MERCOSUR con 6.5 %; y el resto a Europa (soja orgánica).

La cadena productiva de la soja en Bolivia, constituye un baluarte del modelo agroindustrial de desarrollo establecido a mediados de los años 80 y avalado por la banca Internacional y los organismos de cooperación multilateral. Este modelo, basado en una visión de la promoción de los productos no tradicionales, como respuesta al derrumbe de la economía minera tradicional, ha tenido como justificativo, la creación de empleo, el aprovechamiento de nuevos recursos naturales y la sustitución de importaciones. Especialmente, aquellas que afectan la seguridad y la soberanía alimentaría encontrando su mayor expresión en el departamento de Santa Cruz y específicamente en el cultivo y la agroindustria de la soja.

En menos de 20 años la “operación soja”, en un contexto de “estabilidad” macroeconómica y preferencias arancelarias, en mercados Regionales regulados, alcanzó los siguientes indicadores económicos para el año 2005: 

  • 9% del PIB nacional;
  • 24% de las exportaciones nacionales con un total de 408 millones de dólares;
  • 25% del PIB de Santa Cruz;
  • 31% de las exportaciones de Santa Cruz;
  • 43% de la superficie cultivada a nivel nacional y 70% a nivel de Santa Cruz;
  • 93% de las exportaciones a mercados Andinos.

La expansión del cultivo de soja en Bolivia, durante los últimos 15 años ha sido del 411% a costa de la deforestación de más de un millón de hectáreas de bosque.

Los pequeños agricultores representan alrededor del 70% de los productores de soja. Sin embargo, este porcentaje tiene poca importancia ya que el 2% de los productores de esta oleaginosa son grandes propietarios (con más de mil hectáreas de producción) y conforman el grupo de empresarios sojeros (la mayoría ligados a empresas transnacionales) que controlan la producción, procesamiento y comercialización de la soja en Bolivia. A esto debe añadirse que el modelo agro-exportador, en el que está incluida la producción de soja convencional y transgénica, implica la pérdida de la soberanía alimentaría. Por la masificación de un solo cultivo  y la degradación de suelos, disminuye la capacidad de producir sus propios alimentos según el potencial productivo y costumbres de Bolivia, provocando el incremento en la importación de alimentos.

Por otro lado, 66% de la producción sojera está en manos de extranjeros (principalmente menonitas norteamericanos, brasileños y japoneses). La comercialización y exportación también depende de empresarios trasnacionales, como ADM-SAO S.A. y Cargill.

La soja en Bolivia es exportada en un 85%. Los USS. 257 millones que generaron las exportaciones de soja, para el año 2005 no pasaron por las manos de los productores, ni produjeron una mejora de su nivel de vida. Ese monto, contribuyó a la concentración del poder económico y a las ganancias de los grandes productores y comercializadores de soja. 

Paraguay

En Paraguay, se observa una concentración importante de la producción de soja. En este sentido, el departamento de Alto Paraná produjo en la cosecha 2005/2006, 1.100.000 de toneladas, con una superficie sembrada de 695 mil hectáreas. Le sigue el departamento de Canindeyú con 1.077.500 toneladas y 580 mil hectáreas implantadas con soja, finalmente, Itapúa alcanzó una producción de 756.000 toneladas con un área de 420 mil hectáreas.Como se observa en la Tabla 4, estos tres departamentos concentran el 76% de la producción sojera del Paraguay. 
 

Brasil

Brasil es el segundo productor mundial de soja, representando el 20% de la producción mundial para el año 2007. Según estimaciones oficiales, durante el año en curso se alcanzaría una cosecha record que podría superar los 60 millones de toneladas. Este incremento de más de un 25%, según la Companhia Nacional de Abastecimento (CONAB), se debe en gran parte a ajustes en la productividad, principalmente en los estados de Goiás y Mato Grosso.
En Brasil, el cultivo de la soja comenzó hace unos 60 años en los estados sureños más áridos, mientras que en la actualidad, se ha extendido a las zonas del centro y el oeste, penetrando ampliamente el cerrado, tal como se denomina al bosque de sabana latinoamericano y en menor medida el bosque tropical de la Amazonía.
A la cabeza de la expansión de la soja en Brasil está Blairo Maggi, llamado el "Rey de la soja", gobernador de la provincia de Mato Grosso y Director del Grupo Amaggi.
Como se observa en la Tabla 5, se reproduce la situación de concentración de la producción de soja. Así, los estados de Mato Grosso, Paraná y Goiás concentran el 65% de la cosecha del producto. Se advierte una fuerte presencia de grandes pooles de siembra, entre los que se destaca Amaggi propiedad del mencionado magnate sojero.  

Argentina

Durante la campaña 2007/2008, la superficie cultivada de soja en la Argentina superó a la del año previo en un 2,8 %, alcanzando aproximadamente 16.600.000 hectáreas. Con esta cifra se arriba a un nuevo récord histórico de la superficie implantada. En cuanto a la producción de la campaña actual, la proyección se acerca a los 46,5 millones de toneladas, presentando una variación negativa del 2,1% respecto del año anterior, producto de los rindes inferiores a los de la campaña previa.

Luego de la apertura de la Argentina a la soja transgénica, comenzó un proceso de expansión del cultivo. Esto se ha debido a la facilidad que presenta este cultivo en lo referente a cuidados, resistencia a diversos tipos climas y regímenes hídricos. Esta versatilidad ha determinado su expansión en los últimos 10 años a lo largo y a lo ancho de nuestro país, tal como puede observarse en el Gráfico 1. Si bien el área de influencia de la soja es muy amplia, los rendimientos varían y es por ello que la situación de los productores es diferente, dependiendo de la zona en la cual están establecidos.

Gráfico 1. Expansión de la soja en Argentina

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Fuente: SAGPyA

Un caso particular: La Región Centro

La Región Centro es una agrupación política y económica, conformada por las provincias  de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. A los 15 días del mes de agosto del año 1998 se firma el tratado de conformación1 entre Córdoba y Santa Fe y el 6 de abril del año 1999 se incorpora la provincia de Entre Ríos2 quedando definitivamente conformada.

Este acuerdo se da en el marco de lo establecido en el artículo 124 de la Constitución Nacional que permite la creación de regiones para el desarrollo económico y social.

Según estimaciones del INDEC, cuenta con 7.733.913 habitantes representando el 19,5% de la población nacional. En cuanto al PBG, año 2007, en conjunto asciende a 139.153 millones de pesos, alcanzando algo más del 17% del PBI.

Gráfico 2. PBI Nacional y PBG de la Región Centro. Año 2007

Fuente: elaboración propia en base a datos del INDEC

 

El cultivo de la Soja en la Región Centro

Para comenzar a caracterizar el cultivo de la soja en La Región Centro, no podemos obviar la concentración que se observa en este sentido. Como se advierte en el Gráfico 4, la región bajo análisis concentra aproximadamente el 62% del producto cosechado a nivel nacional. Casualmente esta misma situación ocurre en los países vecinos, donde se observa una fuerte presencia de la soja transgénica. La situación es comparable con Bolivia, donde Santa Cruz concentra más del 90% de la producción de soja. En el mismo sentido, sólo 3 estados brasileños explican el 65% de la producción nacional. Mientras que 3 departamentos del Paraguay concentran casi el 80% de la producción de la soja.

Gráfico 3. Producción de soja en la Argentina. Campaña 2006/2007

Fuente: Elaboración propia en base a datos suministrados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación.

Como se observa en la Tabla 6, la provincia de Córdoba, integrante de la “región centro”, posee una participación cercana al 30% de la producción de soja a nivel nacional. Le sigue Buenos Aires con una participación aproximada del 25%, luego Santa Fe (24%) y finalmente Entre Ríos (8%). En cuanto a la superficie sembrada, se advierten disminuciones en la participación pero el orden no varía. Cabe destacar, que la mayor importancia en el ámbito de la producción se debe a los mayores rindes registrados en las provincias de Córdoba y Santa Fe.
En este sentido, como se advierte en la Tabla 7, se destaca la provincia de Santa Fe que posee un rinde por hectárea muy superior a la media del país, alcanzando valores de casi 3.200 kg. Superando en más de 2 quintales al promedio nacional.
 

 
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